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Proyecto de Cooperación y Desarrollo del Hospital Sant Joseph de Bebdja (01/05/2013)

Desde hace muchos años, Apotecaris Solidaris ha mostrado una sensibilidad especial con el Chad, gracias a dos personas mallorquinas que realizan una labor impresionante con los más necesitados, Magdalena Ribas y Manolo Fortuny.

Curiosamente, hace unos meses se nos presentó la oportunidad de colaborar de nuevo en el Chad en un proyecto de atención pediátrica y nutrición infantil en el Hospital Sant Joseph de Bebdja, regentado por las monjas combonianas, entre las que está Magdalena Ribas. Este proyecto está dirigido por los doctores Jorge Muñoz i Reina Lladó, pediatras de la Clínica Palma Planas, y la enfermera Martina.

La ayuda que aporta Apotecaris Solidaris consta de medicamentos para la farmacia de la zona de pediatría y nutrición del Hospital de San Joseph, concretamente 100 botellas de adrenalina, 2000 cápsulas de amoxicilina, apósitos de neomicina y bacitracina, 100 vial de ceftriaxona, 100 comprimidos de cotrimoxazole, esfigmomanómetros y estetoscopis, 600 comprimidos de mebendazole, 4000 comprimidos de paracetamol, salbutamol y 500 cápsulas de vitamina A.

Es importante recordar que el Chad está situado en el África Central y que es uno de los países con mayor inestabilidad política y económica del mundo con unas consecuencias nefastas para la población. El índice de desarrollo humano coloca al Chad como el quinto país más pobre del mundo, ya que más del 80% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. La mayor parte de la población vive de la agricultura y la ganadería para sobrevivir.

Queremos hacer un breve resumen del diario que publica el Dr. Jorge Muñoz desde el Chad para que se hagan una idea de lo que se vive en un viaje de ayuda humanitaria en uno de los países con más dificultades del mundo.

Al llegar a la capital del Chad, Djamena, el médico mallorquín Lluís Pomar acompañó a la expedición hacia Bebdja con un equipaje de 170 kilos de material médico y sanitario, principalmente medicamentos. Unas horas antes de llegar al Chad, se abortó un golpe de estado que hizo pensar en la posibilidad de cancelar el viaje. Una vez que la expedición hubo llegado al Hospital, la incansable doctora Elisabeth y Sor Danesh, religiosa responsable de pediatría, continuaban con la labor de atender a todos los pacientes que esperaban un tratamiento farmacológico.

Este año se trabaja en la recientemente terminada unidad de pediatría. Nada más llegar esperan a dos niños que acababan de ingresar: Yahhed, de diez años, afectado por la malaria cerebral con muy mal estado, y Amhed, de siete meses de vida, al que un brujo le había realizado unan ablación de úvula (cortándole la campanita con un cuchillo), práctica terrible y peligrosa que sólo aumenta el riesgo de una septicemia. Con los antibióticos que llevaban en el equipaje lo pudieron salvar. En cambio, para el pobre Yahhed nada pudo hacerse. Supone un gran dolor no poder hacer nada, salvar vidas, ni siquiera la de niños, pero la vida en el Chad es complicada.

Un consejo que da: por difícil que pueda parecer, siempre hay gente con más dolor que el tuyo propio; reconfórtalo y verás cómo tu propio dolor disminuye.

El siguiente día comienza con una buena noticia; uno de los niños que había pasado una noche complicada mejoraba después de un cambio en la medicación. Eso hizo que mejorara y que la respiración se volviera normal y que los pulmones ventilaran normalmente. Otro de los problemas que se encuentran en el Hospital es la resignación de las madres en el Chad; la vida no tiene tanto sentido, incluso si una hija está en estado crítico, como era el caso de Ablahna, una niña de 12 meses y 4 kilos de peso. En este caso es muy importante el proyecto de la unidad de nutrición infantil, donde el seguimiento será el pilar fundamental de estos niños desnutridos. Pero más tarde Ablahna empeora mucho con los pulmones llenos de líquido, y se le aumenta la dosis de antibiótico, pero lamentablemente se quedan sin recursos y es muy duro luchar contra la frustración que supone el que esta niña se salvaría en cualquier país desarrollado.

Al terminar la jornada, empieza a llover, y esta lluvia en unos días se convertirá en un gran enemigo y a la vez en aliaso del mosquito Anopheles, agente transmisor de la malaria. En pocos días habrá un colapso en la unidad de pediatría debido a la malaria, nada nuevo para la gente del Chad.

Un último consejo que da: observa detenidamente a la gente que de verdad quieres y disfruta del momento, para el tiempo y respira mientras la miras…